REPRESA COMUNITARIA DE CERRO NORTE: UN EJEMPLO DE TRABAJO COMUNITARIO EN LA LOCALIDAD DE USAQUÉN

Trabajo comunitario, trabajo solidario, sabemos que son la base para el desarrollo de cualquier proyecto, a nivel social, estos son factores claves y que con el tiempo se convierten en ejemplos a seguir.

En nuestra localidad de Usaquén, muchos de los barrios se construyeron con base en trabajo solidario, existen muchas historias que valen ser contadas, nos sorprendimos cuando nos enteramos que la comunidad de Cerro Norte, en el año 1969 iniciaron la construcción de una represa para tener agua para sus labores diarias, recordemos que Cerro Norte está ubicado en la zona alta del ala sur de lo que hoy conocemos como la Mariposa en los cerros orientales, la subida es por la calle 162 con carrera séptima, muy cerca de Servitá, que para el año 1969, era el punto en que las personas de la zona acudían por agua, era el centro de lavado de ropa, las personas que fueron poblando los cerros orientales, llegaron de diversas regiones del país y se fueron asentando en los cerros porque eran fuente de empleo, allí funcionaban canteras de las que se extraían arena, gravilla, lajas de rocas, en fin, era fuente de materiales para la construcción, no olvidemos, que en muchas de las vías que se construyeron en Bogotá, se usó material extraído de estas canteras.

Imaginemos lo que se vivía en los años 60 y 70, las personas iban llegando a poblar los cerros, porque los dueños de esos terrenos comenzaron a lotear para beneficiar a sus trabajadores, vendían el terreno sin los servicios públicos, aun así las personas compraban con la esperanza que en algún momento el gobierno distrital se los suministrara, pero como siempre, la respuesta del estado no es lo suficiente rápida y la comunidad debe solventar sus necesidades y no tener agua para el diario vivir eso es una tragedia.

Conocimos Cerro Norte hace unos tres años, fuimos a disfrutar del Festival del Maíz, un evento organizado por la comunidad y su Junta de Acción Comunal, muchas de las historias que nos contaron ese día nos parecían inverosímiles, ahora vamos con frecuencia, en el año 2024, la comunidad nos sorprendió con el lanzamiento del libro «Esta es la historia de lucha de Cerro Norte, un barrio en la loma de Bogotá», en el pudimos cerciorarnos que las historias eran de personas extraordinarias, vivir en la loma y tener que bajar a lavar la ropa en Servitá y tener que subir agua a pie o lomo de burro era una labor ardua, los barrios no contaban con vías, porque todo se fue construyendo poco a poco y de manera simultánea.

El Festival del Maíz es un gran ejemplo de lo que es una “Juntanza”, término muy popular hoy en día cuando se trata de realizar eventos con fines comunes y de interés de las comunidades, un evento que su fin es mantener las tradiciones culturales y gastronómicas ancestrales, el maíz es un producto tradicional ancestral protagonista de este gran festival, en el que los envueltos, la chicha, el masato, las arepas son delicias que se complementan con otros platos de diversas regiones del país que muestran el origen de la población que vive en Cerro Norte y que con ellos rememoran las tradiciones de sus regiones.

En el libro «Esta es la historia de lucha de Cerro Norte, un barrio en la loma de Bogotá» relata que las familias provenían de Cundinamarca, Boyacá y Tolima, de municipios como Chita, Panqueba, Gámeza, Nemocón, Machetá, Paime, Funza, Facatativá, Anzoátegui, entre otros.

El libro también nos cuenta que el poblamiento de esta zona inició en los años 50, época que en el territorio se daban de manera silvestre árboles de cereza, papayuela, curuba, entre otros, siendo todo esto aprovechado por las familias para su consumo.

La mayoría de los pobladores llegaron a trabajar en prácticamente en lo que los contrataban, las mujeres haciendo oficios en casas de familia, los hombres en construcción, en las canteras, eran personas que provenían del campo y que obviamente su experiencia laboral se centraba en los oficios típicos del campo, que hoy se refleja en las huertas urbanas, más de 20 que existen en Cerro Norte.

El libro también relata que los precios de los lotes oscilaban entre $3.000 y $3.500 pesos, para comprarlos, los financiaban, debían dar una cuota inicial de $300 pesos y el saldo a 24 meses, para esa época un trabajador ganaba $42 pesos a la semana, esto muestra la dificultad y por ende el esfuerzo que tenían que hacer las familias para lograr comprar su lote y luego construir sus casas, este panorama económico nos permite imaginar los retos que las familias tuvieron que superar para lograr tener un nivel de vida digno y que seguramente, como esta comunidad hay otras en el país que han vivido o viven situaciones familiares.

De lo anterior, se deduce un hecho muy importante: si en muchos casos, el dinero no les alcanzaba para suplir sus necesidades familiares, ¿Cómo lograban aportar para realizar las obras comunitarias? Una respuesta posible, es que el trabajo solidario logra lo que individualmente es imposible.

La vida en Cerro Norte era muy difícil, en condiciones totalmente adversas, ir a estudiar, ir a trabajar, necesariamente las personas tenían que bajar por calles sin pavimentar, ningún zapato, ni las medias llegaban limpios y si llovía, el tema se complicaba, esto puede parecer una minucia, pero era el diario vivir.

La comunidad Salesiana jugó un papel fundamental en la construcción del barrio y sobre todo en el apoyo del trabajo solidario, el padre Bernardo Hoyos, fue protagonista en esta gran historia, una historia hecha por personas extraordinarias, que tenían claro que el trabajo comunitario, en equipo, solidario es clave para superar tantas adversidades, han sido muchos años, por ejemplo, la junta de acción comunal obtuvo su personería jurídica en el año 1971, en la actualidad sigue trabajando por el bienestar de la comunidad.

El libro, en la historia que recoge, cuenta que la junta de acción comunal en el año 1970 crea la Defensa Civil para patrullar Cerro Norte, el líder fue Julio Moreno, que además de prestar servicios de seguridad también prestaban servicios de primeros auxilios y en general apoyaban las necesidades de la comunidad.

Además de todo esto, los padres Wenceslao Frydecky, Bernardo Hoyos y Jorge Marulanda se inventaron e implementaron el mercado de caritas, cada persona que realizaba trabajos comunales al completar ciertas horas se les entregaba un mercado, contaban con un sistema para contabilizar las horas trabajadas, los mercados los conseguían los padres Salesianos, de esta manera estimulaban el trabajo comunitario, que generalmente se realizaba los días domingos.

Todo este trabajo colectivo hizo posible la construcción de la escuela, la represa, el salón comunal y la iglesia, además de realizar el mantenimiento de las vías, la consecución de la electricidad y los servicios públicos como acueducto y alcantarillado.

Nuestros Cerros Orientales son fuente de agua, por Cerro Norte baja una quebrada que nace en lo alto del Cerro, la comunidad decide hacer una represa para resolver el problema del agua, tal como nos lo relata Doña Blanca Alba, que con cariño todos la llaman «La Monita» y que precisamente la conocimos en el primer Festival del Maíz al que asistimos, porque ella elabora, chicha, masato, envueltos de maíz y otras delicias y los vende en el festival, la represa fue todo un reto, tuvieron que hacer la excavación, los muros y cubrir paredes y fondo con cemento para que el agua no se filtrara, doña Blanca nos contó «que las señoras entre semana subían el material para que el domingo los hombres pudieran adelantar la construcción», imaginamos que los domingos eran todo un encuentro comunitario, cuenta Doña Alba «que los Sacerdotes, en el sacramento de la confesión ponían como penitencia subir piedras», los padres Salecianos, asentados allí, jugaron un papel fundamental por el apoyo que le brindaron a la comunidad, líderes como el presidente de la Junta de Acción Comunal, don Julio Alonso, don Salvador Velandia, lideraron esta gran construcción, que benefició al menos a 30 familias, la construcción finalizó en el año 1972, tres años de arduo trabajo, doña Blanca también nos contó que «bajaban a Servitá a lavar la ropa, a bañarsen y subir agua para sus casas», así vivían antes del contar con la represa.
La represa prestó el servicio hasta el año 1987, que fue en el año en que el distrito les comenzó a prestar el servicio de agua.
A la fecha la represa existe, lamentablemente por nuevos asentamientos de personas que no cuentan con servicio de alcantarillado, las aguas de los pozos sépticos han contaminado el agua de la represa, doña Blanca hace un llamado para que alguna entidad del distrito les permita recuperar la represa en esta época de escases de agua.

El muro que mostramos en las fotos, es el testigo de la gran labor comunitaria y simboliza el tesón de la comunidad de Cerro Norte, que ahora como lo dice Doña Blanca, el reto es recuperarla.

Te invitamos a leer el libro «»Esta es la historia de lucha de Cerro Norte, un barrio en la loma de Bogotá» un libro escrito en campo y editado por la comunidad, al calor de su Auto Indagación en la memoria colectiva, el libro lo vende la Junta de Acción Comunal de Cerro Norte.

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Sistema Informativo Vive Usaquén

Por Sistema Informativo Vive Usaquén

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